Se llama Sandra pero en las casas donde limpia, donde hace de pornochacha erotica se hace llamar Reina. Le encanta que le digan ese nombre cuando entra en una casa nueva. Hasta hace poco limpiaba casas de verdad, es decir, que sacaba el limpiasuelos, la balleta y el mocho y dale que te pego. Pero un buen día descubrió algo con lo que podía ganar mucho más. Ser una pornochacha erotica a la española.
Seguía limpiando el polvo pero de otra manera. Porque contactaba con amigos por esas webs de citas para parejas, o para encontrar el amor de tu vida y se hacía pasar por una más. Cuando te dabas cuenta te estaba ofreciendo un servicio de limpieza completa de tu piso a cambio de un jornal ostensiblemente superior al de una limpiadora corriente. A su favor tenía algo de gran valor e importancia: unas grandes ubres que adornaban y cubrían su generosa barriga. Eso enloquecía a los propietarios cuando decidían adoptar sus servicios u ofrecimientos.
De cara no es que fuera excesivamente bella y su cuerpo no era escultural. Pero vaya por dónde, sus tetas grandes eran como luz para el peregrino, como faro para el náufrago, como zanahoria al burro o salchicha al conejo hambriento y famélico.
Fantasías reales con pornochacha erotica española
Por eso, desde hace un tiempo dejó las horas de limpieza oficiales y precios populares. Ya que hace uso de esas apps de citas para encontrar lo que no tienes. Y les ofrece una hora de limpieza con una bata más que sugerente sin nada debajo. Para que el casero pueda degustar de sus posiciones preferidas cuando le dé por limpiar el horno, la lavadora o se suba a las escaleras o a la silla. Porque es bajita y claro, al subirse a la silla con una bata limpieza o delantal sin nada debajo, se le ven hasta las ideas. Y ella encantada.
Canturrea sus canciones populares mientras pasa la balleta sin ninguna finalidad, más que el erotismo. Y así, el viejo verde o cincuentón salido, la mira sin cesar. Ella les cobra tres veces más de lo que ganaría limpiando la casa de verdad y todos contentos. Luego lo de dejar el brillo por los armarios o el suelo, es otra cosa. Porque está tan metida en lo suyo, en lo duro y en mostrar sus pezones gordos, que se olvida de la limpieza.
Bragas sucias de Reina que limpia en la cocina
Al propietario la verdad, es que le da igual que no limpie. Mientras pueda ver y algunos hasta acariciar su más que trabajado cuerpo, están ya más que felices. Un cuerpo de señora madura, tetas grandes y doblegadas a la gravedad. Caídas por vocación y engordadas para la seducción. Además ahora le ha dado por no lavarse las bragas en su casa y llevarlas para enjuagarlas delante de ellos.
Es su morbo ya personal: lavar su ropa interior usada en el fregadero de la cocina y ser observada. El voyeur mira como las deja blancas de nuevo, porque de todo tiene que haber en la vida.
Algunas venden bragas sucias. Y otras, Sandra la pornochacha erotica reinventada, las limpia que da gusto.
